La captura de langosta en la Zona III de Baja California Sur ya está en marcha y se extenderá hasta el 30 de abril de 2027, un periodo que abarca el litoral comprendido entre Boca de la Soledad, en Comondú, y Cabo San Lucas. La actividad involucra a pescadores ribereños de una de las regiones con mayor peso en la producción nacional del crustáceo.
Baja California Sur se mantiene como el principal productor de langosta en México, con un volumen cercano a mil 800 toneladas anuales y un precio de referencia de 40 dólares por kilogramo, de acuerdo con cifras oficiales del sector pesquero. Esa combinación de volumen y valor convierte a la pesquería en una fuente de ingreso relevante para comunidades costeras que dependen de temporadas cortas y reguladas.
La Zona III concentra parte importante de esa actividad. Sin embargo, la mayor cantidad de productores pesqueros de la entidad se ubica en la región Pacífico Norte, principalmente en localidades del municipio de Mulegé como El Delgadito, Laguna de San Ignacio y El Dátil, donde la captura de langosta suele complementar otras actividades pesqueras a lo largo del año.
El calendario de captura no es un detalle menor. La pesquería opera bajo periodos definidos por la autoridad para proteger los ciclos reproductivos de la especie y evitar la extracción durante la veda. Para los pescadores, respetar esas fechas es condición para mantener la actividad en el mediano plazo; para las autoridades, es la base del control sanitario y comercial del producto que llega a mercados nacionales y de exportación.
La langosta sudcaliforniana tiene demanda principalmente en el mercado asiático y estadounidense, donde se cotiza como producto de alto valor. Eso explica que el precio por kilogramo sea un indicador sensible para el sector: variaciones en el tipo de cambio, en los costos de combustible o en la demanda internacional pueden modificar el ingreso real de las cooperativas y de los pescadores independientes.
En el plano práctico, el inicio de temporada implica la reactivación de permisos, inspecciones y puntos de acopio, así como el regreso de embarcaciones menores a las zonas de captura. También abre un periodo de mayor vigilancia para evitar la extracción ilegal, una práctica que afecta tanto la sostenibilidad del recurso como el precio que reciben quienes operan dentro de la norma.
Para las comunidades costeras, la temporada representa empleo temporal y circulante en restaurantes, transportistas y proveedores locales. La derrama no se limita a la captura: el procesamiento, la refrigeración y la comercialización articulan una cadena que suele resentir cualquier interrupción en el calendario o en las condiciones del mar.
La recomendación oficial para el sector es mantenerse al tanto de los avisos de las autoridades pesqueras y respetar los periodos de veda. Con una vigencia que se extiende hasta abril de 2027, la temporada deja margen para planear la actividad, pero también exige disciplina para que la langosta sudcaliforniana conserve su lugar como referente productivo del país.
