Guanajuato cerró su participación como estado invitado en el 20.º Festival de Tradiciones de Vida y Muerte de Xcaret, en Quintana Roo, con una representación centrada en los oficios, la cocina y las expresiones artísticas de sus comunidades. La programación incluyó dos altares monumentales, cuatro altares regionales y un tapete monumental elaborado por maestros alfombristas de Uriangato, de acuerdo con la información difundida por el gobierno estatal.
El montaje permitió a los visitantes conocer elementos del patrimonio histórico, artesanal y gastronómico de las siete regiones turísticas de Guanajuato, desde Tunal Grande y la Sierra del Huapango hasta el Centro de la Independencia, la Tierra Tequilera, Laja Bajío y los municipios del Sur. Esa división regional no es solo una etiqueta promocional: ordena la forma en que el estado presenta su diversidad cultural y permite que municipios con tradiciones distintas compartan un mismo espacio ante públicos nacionales e internacionales.
La representación gastronómica dio visibilidad a cocineras y cocineros tradicionales de distintos municipios, con recetas vinculadas a las culturas otomí y chichimeca-jonaz, a los productos del campo y a las tradiciones del Día de Muertos. Entre las participantes se encuentra María del Consuelo Venancio Mesita, portadora de la tradición de la tortilla ceremonial, mientras que Elizabeth Jaralillo se vincula con las salsas de molcajete y Daniel Casas con el taller de pan tradicional de Acámbaro.
A través de Marca Guanajuato, los asistentes también pudieron conocer productos de cerámica, madera, piel, joyería, textiles, cerería y alimentos elaborados por empresas y talleres de las comunidades guanajuatenses. La oferta de talleres incluyó la elaboración de tortillas ceremoniales de Comonfort, salsas de molcajete, pan tradicional de Acámbaro, Muñecas Lupitas, velas escamadas y sellos prehispánicos vinculados con la cultura de Chupícuaro.
En esa línea participaron Citlali Villanueva Arredondo, de cartonería contemporánea, y el profesor Rafael Alejandro Andrade Hernández, responsable de propuestas sobre la memoria arqueológica de Chupícuaro. El programa incluyó además una exhibición de juguetería tradicional de gran formato con referencias a la obra “La Muerte Voladora”, de Mónica Torres de Corazón Negro, y una programación artística con talento de la Universidad de Guanajuato, el Teatro Universitario, expresiones musicales de la Sierra Gorda y danza contemporánea.
La presencia de Guanajuato en el festival se enmarca en una política turística que busca colocar a las comunidades como protagonistas y fortalecer las experiencias culturales de los seis Pueblos Mágicos, las dos Ciudades Patrimonio Mundial y los siete Encantos de Guanajuato. La Secretaría de Turismo e Identidad (SECTURI) reafirmó su compromiso con una promoción que permita conocer las expresiones culturales en sus lugares de origen.
El festival, que reunió a una estimación de 53 mil asistentes, representa una plataforma de promoción para el estado al acercar su riqueza cultural, turística, gastronómica y artesanal a públicos nacionales e internacionales. Para las comunidades participantes, ese tipo de escaparate puede traducirse en contactos comerciales, difusión de sus talleres y mayor interés de visitantes por sus municipios, aunque el impacto concreto depende de la continuidad de los canales de comercialización y de la capacidad de los productores para sostener pedidos fuera de temporada.
La participación también deja una pregunta práctica sobre cómo se aprovecha el aprendizaje de un evento de esta escala en el territorio: si los talleres, las cocineras y los artesanos logran mantener presencia en mercados más allá del festival o si la difusión se concentra en los días de exhibición. El cierre en Xcaret muestra la diversidad cultural de Guanajuato, pero su efecto duradero se medirá en la actividad económica y en la preservación de los oficios que se presentaron.
