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miércoles, 22 de julio de 2026

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Sonda Juno revela el calor oculto bajo la superficie de Ío, la luna más volcánica de Júpiter

La misión Juno de la NASA midió por primera vez la temperatura bajo la superficie de Ío, descubriendo un gradiente térmico mucho mayor de lo que la luz solar puede explicar. El hallazgo ofrece nuevas claves sobre el calor interno de lunas y planetas.

Ilustración de la sonda Juno sobrevolando la luna Ío con Júpiter al fondo
Ilustración de la sonda Juno sobrevolando la luna Ío con Júpiter al fondo

La sonda Juno de la NASA ha logrado un hito en la exploración del sistema solar: medir por primera vez la temperatura que se esconde bajo la superficie de Ío, la luna más volcánica de Júpiter. Los datos, captados durante dos sobrevuelos cercanos realizados a finales de 2023 y principios de 2024, revelan un calentamiento intenso en el subsuelo poco profundo de este mundo, que supera con creces lo que la radiación solar podría generar por sí sola.

Los resultados, publicados el miércoles en la revista *Journal of Geophysical Research: Planets*, abren una nueva ventana para entender tanto los cuerpos ígneos como los helados más allá de la Tierra. Ío debe su extrema actividad volcánica al llamado calentamiento por mareas: la gravedad de Júpiter estira y comprime la luna mientras orbita en una trayectoria ligeramente elíptica, generando un calor interno decenas de veces superior al de la Tierra. Hasta ahora, todo lo que se sabía de ese calor provenía de observaciones infrarrojas, que solo captan la temperatura de la capa más superficial.

El instrumento clave en este descubrimiento es el radiómetro de microondas (MWR) de Juno, diseñado originalmente para sondear la atmósfera profunda de Júpiter. Sus seis antenas detectan microondas en longitudes de onda que van desde 1,3 hasta 51 centímetros, lo que permite explorar distintas profundidades. Durante la fase extendida de la misión, los científicos aprovecharon el MWR para observar tres de las lunas galileanas: Ganimedes, Europa e Ío. “La técnica es novedosa porque cada longitud de onda explora diferentes profundidades, proporcionando una nueva forma de caracterizar la atmósfera profunda de los planetas gigantes y las cortezas subsuperficiales de las lunas heladas y rocosas”, explicó Scott Bolton, investigador principal de Juno en el Southwest Research Institute.

Los sobrevuelos del 30 de diciembre de 2023 y el 3 de febrero de 2024 llevaron a la nave solar a unos 1.500 kilómetros de la superficie de Ío. “El instrumento midió la emisión térmica de Ío a profundidades desde unos pocos centímetros hasta decenas de pies. En todos los lugares que observamos, la temperatura aumentaba más de 40 grados Fahrenheit (unos 22 grados Celsius) apenas unos metros bajo la superficie, un gradiente mucho más pronunciado de lo que el calentamiento solar puede explicar”, detalló Shannon Brown, autor principal del estudio en el Laboratorio de Propulsión a Chorro (JPL) de la NASA.

Los datos apuntan a dos posibles explicaciones. La primera es que el calor ascienda de manera constante a través de una corteza conductora. Este flujo de calor de fondo, medido entre 1 y 3 vatios por metro cuadrado, es relativamente suave a escala local (equivalente a una pequeña luz nocturna brillando bajo cada metro cuadrado), pero en toda la luna representa una liberación de energía hasta 30 veces superior al promedio terrestre. La segunda alternativa es que la señal provenga de coladas de lava en enfriamiento, cubiertas por unos 9 a 11 metros de corteza solidificada, que ocuparían alrededor del 10% de la superficie en cualquier momento.

Más allá del calor, el MWR reveló que Ío es sorprendentemente lisa. A pesar de sus conocidas montañas, la luna presenta extensas zonas planas que se extienden por más de 100 kilómetros. “Lejos de sus montañas, la superficie se asemeja más a las Grandes Llanuras de Norteamérica, y aunque Ío es un cuerpo rocoso, el material superficial tiene una densidad muy baja, parecida a la piedra pómez o a una capa esponjosa”, comparó Bolton.

Estos hallazgos no solo iluminan el funcionamiento de Ío, sino que ofrecen pistas sobre procesos fundamentales en el cosmos. “Ío proporciona una ventana única para aprender cómo funciona el calentamiento por mareas en todo el universo, un proceso que proporciona energía y calor a mundos lejanos de su estrella”, señaló Bolton. “Este proceso no solo puede crear el cuerpo más volcánico del sistema solar, en el caso de Ío, sino que también alimenta los océanos subterráneos en lunas de planetas gigantes, como Europa y Ganimedes. Hasta ahora solo podíamos observar el calor que escapa en la superficie o a través de erupciones. Ahora podemos caracterizar cómo se mueve el calor desde el interior hacia la superficie”. Para los científicos, la técnica del MWR podría aplicarse también al estudio de volcanes terrestres, abriendo una nueva vía para entender cómo funciona el calor interno de la Tierra.

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