El debate sobre la cancelación del ascenso y el descenso en el futbol mexicano llegó al Senado de la República. En un conversatorio titulado "Fuera de lugar: ¿por qué es injusto cancelar el ascenso y descenso en el fútbol?", convocado por el coordinador de Movimiento Ciudadano, Clemente Castañeda Hoeflich, se revisaron las implicaciones deportivas y laborales de una medida que ha regido el balompié nacional en los últimos años.
El encuentro no se limitó al aspecto competitivo. Los participantes abordaron cómo la ausencia de movilidad entre divisiones altera la estructura del deporte y, sobre todo, las condiciones de trabajo de quienes viven del futbol. Jugadores, cuerpos técnicos y personal administrativo de clubes de la Liga de Expansión y de la Segunda División enfrentan un panorama de incertidumbre cuando no existe la posibilidad de ascender a la máxima categoría.
La suspensión del ascenso y descenso en la Liga MX se remonta a 2020, cuando se argumentó la necesidad de garantizar estabilidad financiera en medio de la pandemia de covid-19. Desde entonces, la medida se ha mantenido, aunque en distintos momentos se anunciaron mesas de trabajo para revisar su continuidad. La Liga de Expansión, creada en ese contexto, sustituyó al Ascenso MX con reglas que limitaron el acceso a la primera división.
Para los futbolistas de divisiones inferiores, la falta de ascenso representa una barrera concreta: menos incentivos para la inversión en plantillas, menores ingresos por derechos de televisión y patrocinios, y una reducción en las oportunidades de desarrollo profesional. En términos laborales, esto se traduce en contratos más cortos, salarios más bajos y una mayor precariedad para cientos de trabajadores del deporte.
El conversatorio también puso sobre la mesa el impacto social y cultural. Las aficiones de ciudades y regiones que solían tener equipos en la máxima categoría han visto cómo sus clubes quedan atrapados en un circuito sin premio deportivo. La promesa de ascender, que históricamente movilizó a comunidades enteras, se diluye cuando el mérito deportivo no tiene consecuencia directa en la categoría.
Desde la perspectiva del derecho laboral, especialistas han señalado que la cancelación del ascenso y descenso puede entrar en tensión con principios de competencia y libre ejercicio profesional. Aunque la organización de las ligas es competencia de las federaciones y de los clubes, el Senado tiene facultades para legislar en materia de deporte y trabajo, lo que abre la puerta a un escrutinio público más amplio.
La discusión en el Senado no implica una decisión inmediata. Se trata de un espacio de análisis que busca visibilizar un problema que afecta a miles de personas y a una industria que genera empleo directo e indirecto. La eventual restitución del ascenso y descenso requeriría acuerdos entre clubes, la Federación Mexicana de Futbol y la Liga MX, además de garantías financieras para los equipos que suban o bajen.
El cierre del conversatorio dejó una idea central: la cancelación del ascenso y descenso no es solo un tema deportivo, sino una decisión con efectos laborales, económicos y sociales que merece discusión pública. El reto para las autoridades y los organizadores del futbol mexicano es encontrar un equilibrio entre la estabilidad financiera y el respeto a la competencia, el mérito y los derechos de quienes trabajan en el deporte.
