La democracia no se salva únicamente con acudir a las urnas. Esa es la advertencia central que el secretario general de Naciones Unidas, António Guterres, planteó al conmemorar el Día Internacional de la Democracia, que se celebra cada 15 de septiembre desde 2007. En su mensaje, el funcionario sostuvo que la confianza de la gente en los gobiernos y en las leyes se erosiona, mientras los conflictos se multiplican y el contrato social se debilita.
Guterres fue directo: la democracia es más que elecciones. La definió como la práctica diaria de garantizar los derechos humanos, el Estado de derecho y la participación significativa de todas las personas en la vida cívica y política. Con ese enfoque, la ONU busca superar la idea de que un país es democrático solo por celebrar comicios periódicos.
Este año, Naciones Unidas adoptó el lema "Alzar manos y voces: fomentar la agencia y la apropiación a través de la democracia deliberativa". El cambio no es menor: coloca la deliberación y la capacidad real de la ciudadanía para influir en las decisiones públicas en el centro de la evaluación sobre la salud democrática. El problema, según esta perspectiva, no es la falta de votos, sino la incapacidad de la gente para apropiarse de los espacios públicos y participar de forma constante.
El diagnóstico global acompaña esa preocupación. Organismos internacionales como International IDEA han documentado que el deterioro democrático no es un accidente pasajero, sino una tendencia estructural que ya suma más de una década. Sus informes indican que el 57 por ciento de los países muestra retrocesos en gobierno y libertades, un desgaste que golpea pilares como la independencia judicial, la libertad de expresión y la fuerza de los parlamentos.
A esa erosión se suma una amenaza que se libra en el terreno digital. Desde Bruselas, altas autoridades de la Unión Europea, entre ellas la vicepresidenta ejecutiva de la Comisión Europea, Henna Virkkunen, y la alta representante Kaja Kallas, advirtieron que la manipulación de información con inteligencia artificial y algoritmos busca distorsionar el debate, destruir la confianza en las instituciones y arruinar las elecciones. Su mensaje fue contundente: la democracia no es frágil por naturaleza, pero exige defensa cotidiana frente a quienes intentan vaciarla desde los algoritmos.
El debate internacional coincide con un momento clave para México. El Instituto Nacional Electoral dio el banderazo de salida al proceso electoral 2026-2027, en el que se renovarán distintos cargos de representación popular. En ese marco, el organismo ha sostenido que las instituciones organizan elecciones, pero es la ciudadanía la que construye todos los días la democracia, una postura que sintoniza con el llamado de la ONU.
Para la vida cotidiana, el planteamiento tiene consecuencias prácticas. Una democracia que depende solo de la jornada electoral deja en manos de unos cuantos las decisiones que afectan a todos. En cambio, una participación sostenida en espacios como consultas, presupuestos participativos, mecanismos de rendición de cuentas y vigilancia ciudadana puede traducirse en políticas públicas más cercanas a las necesidades de la población.
El reto no es menor en un contexto donde la desinformación circula con rapidez y donde la confianza en las instituciones se mide cada vez más en el día a día. La advertencia de la ONU y el inicio del proceso electoral mexicano colocan una misma pregunta sobre la mesa: si la democracia se agota en el voto o si, por el contrario, se construye en la práctica diaria de derechos, deliberación y participación.
