El Instituto Nacional Electoral concluyó un ejercicio de diagnóstico nacional con el que definirá cómo promoverá el voto durante el Proceso Electoral Federal 2026-2027. El proyecto, denominado Comunidad de Reflexión 2026, reunió aportaciones de las 32 entidades federativas y derivó en una ruta de trabajo centrada en la población de entre 18 y 29 años y en grupos en situación de vulnerabilidad.
La consulta involucró a más de mil personas, entre especialistas, funcionarias y funcionarios de las vocalías de las Juntas Locales y Distritales, de los Organismos Públicos Locales, de la academia y de la sociedad civil. Con ese insumo, el instituto definió líneas de acción que sustituirán los esquemas de difusión tradicionales e impresos por formatos digitales interactivos, espacios artísticos y actividades comunitarias.
El cambio responde a un diagnóstico técnico de las propias autoridades electorales, que colocó la participación activa y la confianza ciudadana como los principales objetivos a consolidar antes de los siguientes comicios nacionales. La estrategia busca atender un problema persistente: la distancia entre las campañas institucionales y las formas en que las generaciones jóvenes se informan y participan.
Entre las acciones aprobadas figuran dinámicas vivenciales en espacios públicos, herramientas pedagógicas e interactivas y criterios transversales de inclusión e interculturalidad. También se contempla producir contenidos multimedia con lenguajes juveniles, usar redes sociales y plataformas digitales de alta presencia, y realizar ferias democráticas comunitarias tanto en entornos urbanos como rurales.
Las vocalías de las Juntas Locales y Distritales tendrán a su cargo talleres participativos e itinerantes en centros educativos e institutos de educación superior. El objetivo declarado es articular alianzas con organizaciones específicas y ampliar el acceso a la información electoral, sobre todo en zonas donde la oferta institucional suele llegar con menor frecuencia.
El enfoque territorial es uno de los ejes del proyecto. La intención es que las actividades no se diseñen solo desde el centro, sino que incorporen las dinámicas locales recogidas en cada entidad. Esa adaptación podría traducirse en mensajes y formatos distintos según la región, aunque el instituto no detalló todavía montos, calendarios ni metas numéricas de participación.
Para la ciudadanía, el efecto práctico se verá en la presencia de actividades fuera de los formatos habituales: talleres en escuelas y universidades, eventos artísticos, ferias en colonias y comunidades, y contenidos pensados para circular en plataformas digitales. La apuesta implica que la promoción del voto deje de depender de spots y materiales impresos y se acerque a los espacios donde las juventudes ya interactúan.
El reto no es menor. La estrategia se aplicará en un contexto de cuestionamientos recurrentes a las instituciones electorales y de desencanto de una parte del electorado joven. El propio diagnóstico reconoce que fortalecer la confianza ciudadana es una meta central, no un efecto automático de las campañas. Medir si esas acciones modifican la intención de voto requerirá indicadores que el instituto aún no ha hecho públicos.
Con el rediseño, el INE busca consolidar su estrategia de educación cívica y colocar la participación juvenil en el centro del próximo proceso electoral federal. El alcance real dependerá de la coordinación con los organismos locales, de la continuidad de los talleres y de la capacidad de las vocalías distritales para sostener actividades en territorio a lo largo del calendario electoral.
