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domingo, 20 de septiembre de 2026

Política

Senado presiona por dictamen sobre celulares en escuelas básicas

El presidente de la Mesa Directiva del Senado pidió a las comisiones de Educación y Estudios Legislativos dictaminar la iniciativa que prohíbe celulares en educación básica, sin fecha definida para su discusión.

Sesión del Senado de la República durante una discusión legislativa
Sesión del Senado de la República durante una discusión legislativa

El presidente de la Mesa Directiva del Senado, Higinio Martínez Miranda, solicitó formalmente a las comisiones de Educación y de Estudios Legislativos que presenten el dictamen de la iniciativa que plantea prohibir el uso de dispositivos móviles en escuelas de educación básica. La petición, conocida como excitativa, busca destrabar una discusión que hasta ahora no ha avanzado en el proceso legislativo y que podría modificar las reglas de convivencia digital en miles de planteles del país.

La excitativa es un instrumento parlamentario mediante el cual la presidencia de la Mesa Directiva urge a las comisiones a resolver un asunto pendiente. No implica la aprobación automática de la medida ni fija una fecha obligatoria para el dictamen, pero sí coloca el tema en la agenda legislativa y aumenta la presión política para que se discuta en el pleno. En la práctica, el futuro de la iniciativa depende de que ambas comisiones acuerden un texto y lo sometan a votación.

La propuesta se enmarca en un debate más amplio sobre el uso de teléfonos celulares en las aulas. En México, la Secretaría de Educación Pública ha emitido lineamientos y recomendaciones para regular el uso de dispositivos en planteles de educación básica, mientras que varios sistemas educativos estatales ya aplican restricciones parciales. La discusión legislativa busca dar un marco nacional uniforme a prácticas que hoy varían según la entidad y el centro escolar.

El debate no es exclusivo de México. Organismos internacionales como la UNESCO han recomendado regular el uso de celulares en escuelas cuando no aporta un beneficio pedagógico claro, y países como Francia, Italia y algunos estados de Estados Unidos han aprobado restricciones. Los argumentos a favor se centran en la distracción en clase, el ciberacoso y la pérdida de atención; los críticos advierten que una prohibición general puede ignorar usos educativos, dificultar la comunicación en emergencias y ser difícil de aplicar.

Para las familias, una eventual prohibición implicaría cambios en rutinas de comunicación con los estudiantes durante la jornada escolar y en la forma de resolver emergencias. Para los docentes, representaría un nuevo marco de disciplina con reglas más claras, pero también el reto de vigilar su cumplimiento. Para los planteles, implicaría ajustar reglamentos internos y protocolos, sobre todo en escuelas donde el celular se usa como herramienta de consulta o para actividades digitales.

El alcance de la medida dependería del texto final que aprueben las comisiones. No es lo mismo una prohibición total durante el horario escolar que una restricción limitada a ciertos momentos o asignaturas. Tampoco está definido si la norma aplicaría a estudiantes, a docentes o a ambos, ni qué sanciones o mecanismos de supervisión se contemplarían. Esos detalles son los que suelen definir si una reforma es aplicable o queda como declaración de intención.

La excitativa también tiene una lectura política. Al hacer pública la solicitud, la presidencia de la Mesa Directiva envía una señal sobre sus prioridades legislativas y sobre la urgencia que atribuye al tema. Las comisiones, sin embargo, mantienen autonomía para dictaminar y pueden modificar, dividir o incluso desechar la propuesta. Hasta ahora no hay una fecha confirmada para la discusión ni un pronunciamiento público de las comisiones involucradas sobre el contenido del posible dictamen.

El tema conecta con preocupaciones ciudadanas concretas: el tiempo de pantalla de menores, el rendimiento escolar y la convivencia en las aulas. Una regulación nacional podría ordenar el debate, pero su éxito dependerá de que las escuelas cuenten con condiciones para aplicarla y de que las familias y docentes la perciban como una medida razonable. Por lo pronto, la pelota está en las comisiones: de ellas depende que la iniciativa avance o se quede en el limbo legislativo.

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