El gobierno de Naucalpan entregó tarjetas del programa Impulsando a las Mujeres Naucalpenses a mil 711 beneficiarias, cada una con un apoyo económico de 4 mil 500 pesos repartido en tres entregas. El acto fue encabezado por el presidente municipal, Isaac Montoya Márquez, quien planteó el subsidio como un reconocimiento al trabajo doméstico y de cuidado que, dijo, suele quedar fuera de las cuentas públicas y del debate social.
El monto total comprometido en esta etapa asciende a poco más de 7.7 millones de pesos, calculado a partir del número de tarjetas y el apoyo individual. Se trata de recursos municipales, sin participación federal o estatal, según lo expuesto durante la entrega. Esa característica importa en un contexto donde los programas de transferencia suelen depender de convenios con otros niveles de gobierno y quedan expuestos a recortes o cambios de administración.
Montoya Márquez sostuvo que el programa busca devolver el dinero recaudado a quienes enfrentan mayores carencias y que los apoyos se destinan a necesidades prioritarias de los hogares, lo que a su vez mueve el comercio de barrio. También pidió a las beneficiarias considerar el recurso para su propio cuidado, su salud y su descanso, aspectos que con frecuencia se postergan frente a las responsabilidades familiares.
El acto sirvió además para repasar otras acciones dirigidas a mujeres. Se mencionó la apertura de dos Centros LIBRE, en las colonias Padre Figueroa y Boulevares, pensados como espacios de atención y acompañamiento. En materia de movilidad y prevención, se citó el operativo Viajemos Seguras, con capacitación a 435 operadores del transporte público y distribución de información en cerca de 600 unidades.
En salud, el ayuntamiento refirió jornadas gratuitas de mastografías y pruebas para detectar el virus del papiloma humano y cáncer cervicouterino, además de labores de orientación. A ello se suma el programa del DIF municipal Cuidando de Quienes Nos Cuidan, que reporta más de 2 mil personas cuidadoras atendidas, un grupo que suele sostener a personas con discapacidad, adultas mayores o enfermas sin remuneración.
Para las beneficiarias, el impacto práctico depende de la regularidad de los pagos y de que el apoyo llegue sin condicionamientos partidistas, un riesgo habitual en programas sociales de alcance local. La entrega de tarjetas, por sí sola, no garantiza que el recurso se ejerza con transparencia ni que las beneficiarias reciban acompañamiento para trámites, atención médica o denuncias de violencia.
El reto para Naucalpan está en sostener el programa con recursos propios en un municipio con presiones fiscales y demandas sociales diversas. La administración no detalló el calendario de las siguientes dispersiones ni el presupuesto anual asignado al esquema, datos que permitirían medir su continuidad más allá del acto público.
Montoya cerró con una idea que resume su postura: gobernar exige escuchar lo que ocurre en los hogares y actuar en consecuencia. La promesa queda sujeta a verificación: que las tarjetas se conviertan en ingresos efectivos, que los centros de atención operen con personal suficiente y que las mujeres de Naucalpan encuentren respuestas concretas cuando acudan a ellos.
