La sonda Juno de la NASA ha conseguido mirar por primera vez debajo de la superficie de Ío, la luna más volcánica de Júpiter, y ha encontrado evidencia de dos grandes fuentes de calor subterráneas. El hallazgo, basado en datos del radiómetro de microondas (MWR) a bordo de la nave, revela temperaturas hasta 20 grados Celsius más cálidas que el terreno circundante a profundidades de entre 2 y 6 metros.
El mapa de microondas muestra una clara anomalía térmica en la región occidental de Ío, entre los 60 y 120 grados de longitud oeste. Allí, las temperaturas bajo la superficie son entre 10 y 20 Kelvin (10 a 20 °C) más altas que el promedio. Esta zona coincide con el complejo de Zal Montes Patera, donde otro instrumento de Juno ya había observado un flujo de lava activo. Una segunda fuente de calor importante se extiende cerca del ecuador, desde 0 hasta 50 grados de longitud oeste.
El MWR utiliza frecuencias de microondas muy bajas (0.6 y 1.25 gigahertz) que pueden penetrar la corteza helada de Ío. Mientras que los instrumentos infrarrojos solo miden la temperatura superficial, el MWR sondea el subsuelo, revelando un gradiente térmico notable. Las zonas más frías, en latitudes altas del norte, alcanzan unos -183 °C, mientras que las regiones ecuatoriales más cálidas llegan a -123 °C. Las anomalías rojas en el mapa indican los puntos más calientes, probablemente vinculados a actividad volcánica activa o conductos de magma cercanos a la superficie.
Estos datos sugieren que el interior de Ío está más caliente y activo de lo que se pensaba. La luna es el cuerpo con mayor actividad volcánica del sistema solar, y este hallazgo ayuda a entender cómo el calor interno se distribuye y emerge. La misión Juno, lanzada en 2011, ha estado estudiando Júpiter y sus lunas desde 2016, proporcionando información sin precedentes sobre su geología y atmósfera.
El Jet Propulsion Laboratory (JPL) de la NASA, división de Caltech, gestiona la misión Juno para el investigador principal Scott Bolton, del Southwest Research Institute en San Antonio, Texas. El MWR fue construido por JPL, mientras que Lockheed Martin Space en Denver construyó y opera la nave. Juno forma parte del programa Nuevas Fronteras de la NASA y ha extendido su misión para incluir sobrevuelos cercanos de las lunas galileanas.
Para la ciencia planetaria, este tipo de observaciones son cruciales porque permiten inferir procesos geológicos internos sin necesidad de perforar. Ío, con su intenso vulcanismo, es un laboratorio natural para estudiar cómo el calentamiento por mareas deforma y funde el interior de un cuerpo rocoso. Los nuevos datos del MWR podrían ayudar a refinar modelos de su interior y predecir futuras erupciones.
Desde una perspectiva más amplia, la exploración de Ío también tiene implicaciones para entender otros mundos volcánicos, incluso en el sistema solar exterior. La capacidad de la tecnología de microondas para ver debajo de la superficie abre nuevas posibilidades para futuras misiones a lunas heladas como Europa o Encélado, donde se busca evidencia de océanos subterráneos.
El hallazgo fue dado a conocer por la NASA en un comunicado que incluye el mapa de microondas. Los científicos continuarán analizando los datos para identificar más anomalías y correlacionarlas con la actividad superficial observada por otros instrumentos. La misión Juno tiene previstos más sobrevuelos de Ío en los próximos meses, lo que permitirá refinar las mediciones y observar cambios en el tiempo.
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El radiómetro de microondas de la nave detectó dos zonas con temperaturas hasta 20 °C más altas que el entorno, a unos 5 metros de profundidad, lo que sugiere un intenso calentamiento interno.
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