La búsqueda de personas desaparecidas en Zacatecas sumó una nueva jornada este viernes en el municipio de Vetagrande, donde personal de la Comisión Local de Búsqueda de Personas Desaparecidas y de la Fiscalía Especializada en Atención al Delito de Desaparición Forzada y Desaparición cometida por Particulares recorrieron las comunidades de El Lampotal y Santa Rita.
La actividad se centró en la difusión de cédulas de búsqueda y en el levantamiento de entrevistas con habitantes de ambas localidades. De acuerdo con la información disponible, se pegaron 200 cédulas con datos de personas no localizadas, un instrumento que busca ampliar la probabilidad de que algún vecino reconozca un rostro o aporte una pista verificable.
La jornada contó con la participación de la Comisión Nacional de Búsqueda, instancia federal que acompaña estos operativos en el territorio. La coordinación entre los tres niveles de gobierno es una condición recurrente en este tipo de acciones, aunque no siempre se traduce en resultados inmediatos para las familias que esperan respuestas.
Vetagrande es un municipio pequeño, ubicado a pocos minutos de la capital zacatecana, con una dinámica cotidiana marcada por la cercanía con la zona conurbada. En comunidades como El Lampotal y Santa Rita, la vida transcurre entre actividades agropecuarias y el tránsito hacia la ciudad, un contexto donde la difusión de información puede tener alcances limitados si no se acompaña de seguimiento.
La búsqueda de personas en vida es una modalidad que prioriza la localización de la persona con vida, a diferencia de los operativos forenses o de exhumación. Se apoya en la recolección de testimonios, la difusión de fichas y el cruce de datos con registros oficiales. Su eficacia depende de la calidad de la información recabada y de la capacidad institucional para procesarla con rapidez.
Zacatecas enfrenta desde hace años una crisis de desapariciones que ha colocado al estado entre los primeros lugares del país en la materia. La cifra de personas no localizadas ha crecido de manera sostenida, y las colectivas de familias buscadoras han señalado en repetidas ocasiones que los esfuerzos institucionales llegan tarde o resultan insuficientes frente a la magnitud del problema.
Para los habitantes de Vetagrande, la jornada representa un momento de contacto directo con autoridades que normalmente no tienen presencia permanente en la zona. La posibilidad de aportar información sin intermediarios puede ser determinante, aunque también expone la desconfianza que persiste en comunidades donde la violencia ha dejado secuelas profundas.
El despliegue de cédulas en espacios públicos busca que la información circule más allá de los canales oficiales. En municipios con alta movilidad, como los cercanos a la capital, una ficha puede ser vista por personas que transitan entre localidades y que quizá reconocan a alguien. Ese es el supuesto práctico detrás de esta estrategia.
La jornada en Vetagrande se suma a otras acciones similares que las autoridades han realizado en distintos puntos del estado. La continuidad de estos operativos y la publicación de resultados concretos serán los indicadores que permitan evaluar si la estrategia de búsqueda en vida está dando frutos o si se queda en el terreno de la difusión simbólica.
Para las familias, cada jornada representa una oportunidad y también una carga emocional. La búsqueda no termina con la pega de cédulas ni con las entrevistas; continúa en el día a día, en la exigencia de información y en la demanda de que las autoridades mantengan el esfuerzo más allá de los operativos visibles.
