El debate sobre el regreso del ascenso y descenso en el fútbol profesional mexicano sumó una postura desde el Senado. Ignacio Mier Velazco, presidente de la Junta de Coordinación Política, reconoció que es necesario restablecer ese mecanismo de movilidad entre divisiones, aunque planteó que la discusión de la iniciativa presentada en la Cámara Alta debe abrirse a representantes de la Liga MX y de la Federación Mexicana de Fútbol.
La posición de Mier no implica un respaldo automático a la iniciativa en sus términos actuales. Al condicionar el análisis a la participación de los organismos que administran el balompié nacional, el legislador coloca el tema en una ruta de negociación entre el poder legislativo y los actores deportivos, en lugar de resolverlo únicamente con una votación en el pleno.
El ascenso y descenso es un mecanismo que durante décadas reguló la competencia entre clubes de distintas categorías. Su eliminación en la Liga MX transformó la lógica deportiva: los equipos dejaron de enfrentar el riesgo de perder la categoría y los torneos de segunda división perdieron uno de sus principales incentivos competitivos. Esa decisión sigue siendo uno de los puntos más discutidos entre aficionados, jugadores y directivos.
La iniciativa presentada en el Senado busca revertir esa situación por vía legislativa. El punto central del debate es si el Congreso debe fijar por ley un aspecto que tradicionalmente ha sido regulado por los propios organismos del fútbol, o si la norma debe limitarse a establecer principios generales y dejar la instrumentación a la Liga MX y a la FMF.
La postura de Mier apunta a ese segundo escenario. Al pedir que la discusión incluya a la Liga MX y a la Federación Mexicana de Fútbol, el coordinador parlamentario sugiere que cualquier cambio necesita viabilidad operativa y respaldo de quienes organizan las competencias. Sin ese respaldo, una reforma legal podría quedar como un mandato sin aplicación práctica.
El impacto ciudadano del tema va más allá de la cancha. El ascenso y descenso afecta a comunidades enteras que dependen de la actividad económica alrededor de un club: taquilla, hospedaje, alimentos, transporte y empleo indirecto. En ciudades donde el equipo local es una de las principales identidades colectivas, la posibilidad de perder la categoría o de ascender a la máxima división tiene efectos concretos en la vida cotidiana.
También incide en la formación de jugadores. Un sistema cerrado reduce los espacios de competencia para futbolistas jóvenes y limita la proyección de clubes de provincia que no cuentan con grandes presupuestos. El ascenso y descenso funciona como una vía de movilidad deportiva y, en muchos casos, como un mecanismo de arraigo regional.
La discusión legislativa apenas comienza y no hay fecha definida para su desenlace. Lo que queda claro es que el Senado no resolverá el tema en solitario: la ruta que planteó Mier obliga a sentar en la misma mesa a legisladores, directivos de la Liga MX y dirigentes de la Federación Mexicana de Fútbol. El resultado dependerá de qué tan dispuestos estén esos actores a modificar el modelo que hoy rige al fútbol profesional mexicano.
