El Museo Regional de Antropología e Historia de Baja California Sur fue sede de la exposición y conversatorio “El Maíz Nos Une”, una actividad que reunió a pueblos originarios de distintas regiones del país, comunidades afromexicanas avecindadas en el estado y población sudcaliforniana. El gobernador Víctor Manuel Castro Cosío encabezó el encuentro, acompañado por la presidenta del Sistema Estatal para el Desarrollo Integral de la Familia, Patricia Imelda López Navarro, y por el coordinador de asesores del Gobierno del Estado, José Guadalupe Ojeda Aguilar.
La actividad se planteó como un espacio de intercambio cultural y reconocimiento de la diversidad. Representantes de comunidades oaxaqueñas y afromexicanas, principalmente de Guerrero, compartieron experiencias de vida, tradiciones y formas de adaptación en el territorio sudcaliforniano, donde han establecido sus hogares y desarrollado actividades productivas y sociales.
Durante su mensaje, el gobernador Castro Cosío afirmó que el encuentro “nos hermana” y sostuvo que el maíz “es mucho más que un alimento: es nuestra identidad, es lo que nos une como mexicanos”. También subrayó la importancia de generar espacios para compartir conocimientos, costumbres y experiencias, así como de reconocer la riqueza cultural que aportan las distintas comunidades a la identidad nacional.
Como parte del programa, autoridades y asistentes recorrieron la exposición dedicada a la historia y vida cotidiana de distintos grupos originarios y comunidades afromexicanas, con elementos representativos de sus tradiciones y manifestaciones culturales. El mandatario estatal destacó que conocer y valorar las raíces de quienes han llegado a Baja California Sur desde otras regiones del país permite fortalecer los vínculos entre la sociedad y mantener viva la memoria de sus tradiciones.
El encuentro ocurre en un contexto de creciente diversidad interna en Baja California Sur, entidad que en las últimas décadas ha recibido flujos migratorios de otras partes de México, particularmente de estados del sur y sureste. Esa movilidad ha transformado el perfil demográfico y cultural de colonias y comunidades en municipios como La Paz, Los Cabos y Comondú, donde conviven tradiciones locales con prácticas traídas de Oaxaca, Guerrero y otras regiones.
Para las comunidades migrantes y afromexicanas, este tipo de actividades puede tener un efecto práctico en el reconocimiento de su presencia y en la visibilización de sus aportaciones. También abre la posibilidad de que sus expresiones culturales se integren a la oferta educativa, turística y de patrimonio que administra el estado, aunque el alcance real dependerá de que estas iniciativas se sostengan más allá de un evento único.
La exposición y el conversatorio se suman a otras acciones de gobierno orientadas a la atención de pueblos originarios y comunidades afromexicanas, un sector que en México ha ganado reconocimiento jurídico en años recientes, pero que aún enfrenta brechas en acceso a servicios, documentación y representación política. En Baja California Sur, la dispersión geográfica y la falta de datos desagregados dificultan dimensionar con precisión el tamaño de estas poblaciones.
El reto para las autoridades estatales será traducir el discurso de reconocimiento cultural en políticas concretas: programas de atención con perspectiva intercultural, presupuesto etiquetado y mecanismos de consulta para las comunidades. Sin esos instrumentos, los encuentros culturales corren el riesgo de quedarse en el plano simbólico.
La actividad en el Museo Regional de Antropología e Historia deja, por lo pronto, un mensaje institucional sobre la identidad como eje de cohesión social. Para la población sudcaliforniana, la invitación implícita es mirar a las comunidades que llegaron de fuera no como ajenas, sino como parte de una composición social que ya es, de hecho, plural.
