Guanajuato busca dejar de competir solo por atraer plantas y empezar a competir por el tipo de inversión que recibe. La gobernadora Libia Dennise García Muñoz Ledo planteó esa idea ante empresarios estadounidenses y mexicanos reunidos en la Ciudad de México, donde presentó la estrategia Guanajuato SUMA y defendió la relación comercial del estado con Estados Unidos como un vínculo de cadenas productivas integradas, no de simple compraventa.
El dato que sostiene ese discurso es el intercambio bilateral. Según cifras oficiales citadas por la propia mandataria, en 2025 el comercio entre Guanajuato y Estados Unidos rondó los 47 mil 700 millones de dólares: cerca de 33 mil millones correspondieron a exportaciones guanajuatenses y casi 15 mil millones a importaciones de insumos, componentes y bienes que alimentan los procesos productivos locales. Es decir, buena parte de lo que el estado vende al exterior depende de lo que antes compra.
La vocación exportadora sigue creciendo. En el primer trimestre de 2026 el estado exportó más de 10 mil millones de dólares, un alza anual de 9.8 por ciento, y los productos guanajuatenses llegan ya a 113 países. Detrás de esas cifras hay 1,418 empresas exportadoras, de las cuales 78 por ciento son micro, pequeñas y medianas, un segmento que suele enfrentar los mayores obstáculos para sostener clientes en el extranjero por falta de financiamiento, certificaciones o logística.
Para acompañar a esas empresas opera la Coordinadora de Fomento al Comercio Exterior, un organismo estatal especializado en desarrollar capacidades, abrir mercados y colocar productos en el exterior. Su papel resulta clave porque el crecimiento exportador no depende solo de las armadoras o de las grandes industrias: si las mipymes no logran integrarse a las cadenas de proveeduría, el beneficio se concentra en pocos actores y el empleo de mayor calidad tarda en multiplicarse.
La ubicación del estado es otro de los argumentos centrales. Desde el centro de México, en un radio de 400 kilómetros se accede a una parte sustantiva del mercado nacional, de la población y de la industria automotriz, conectada por los corredores 45 y 57, las redes ferroviarias de Ferromex y CPKC, y salidas hacia Manzanillo, Lázaro Cárdenas y Veracruz. En ese entorno se ubica Guanajuato Puerto Interior, donde convergen 141 empresas de 18 países, más de 30 mil empleos y más de 5 mil 500 millones de dólares de inversión acumulada.
A ese ecosistema se suma la llamada Puerta Logística del Bajío, un proyecto en Celaya diseñado para aprovechar el acceso a las dos grandes redes ferroviarias y conectarse con cruces fronterizos y puertos del Pacífico y del Golfo. Para las empresas, ese tipo de infraestructura se traduce en tiempos de traslado más cortos y costos más previsibles; para las comunidades donde se instala, plantea la necesidad de anticipar suelo, servicios, vivienda y movilidad, temas que suelen rezagarse frente a la llegada de naves industriales.
El talento es el otro pilar del planteamiento. Guanajuato cuenta con una fuerza laboral de alrededor de 2.9 millones de personas, más de 68 mil estudiantes de ingeniería y cerca de 11 mil egresados de esa área cada año. La apuesta oficial es articular universidades, empresas, el Instituto Estatal de Capacitación, la formación dual y un esquema de microcredenciales para reducir la distancia entre lo que la industria necesita y lo que el talento sabe hacer, un desajuste que en la práctica se traduce en vacantes sin cubrir y profesionistas empleados en tareas ajenas a su formación.
Con ese diagnóstico, la estrategia Guanajuato SUMA trabaja en cinco frentes: diversificación productiva, transformación tecnológica, talento, infraestructura y energía, y fortalecimiento de mipymes y cadenas de proveeduría. La lógica que la gobernadora describió es transversal: si llega una nueva industria hay que formar el talento que requiere; si se busca atraer centros de datos, manufactura avanzada o electromovilidad, hay que anticipar energía e infraestructura; y si se quiere que la inversión deje desarrollo real, hay que integrar a proveedores locales.
El reto es de escala. La relación con Estados Unidos atraviesa por un periodo de revisión comercial y presión sobre las cadenas regionales, y estados como Guanajuato compiten con otras entidades del Bajío y del norte por los mismos proyectos. Que el discurso pase de las ventajas anunciadas a resultados medibles dependerá de factores menos vistosos: disponibilidad de energía, certeza regulatoria, capacitación continua y capacidad de las mipymes para cumplir estándares internacionales. Ahí se decidirá si el crecimiento exportador se traduce en mejores empleos y en derrama para las regiones donde se concentra la actividad industrial.
