La enseñanza de inteligencia artificial (IA) avanzó en América Latina y el Caribe en los últimos dos años, pero ese progreso no se traduce todavía en un uso extendido de la tecnología dentro del aparato productivo. Un diagnóstico regional presentado en Santiago de Chile encontró que 11 países ya incorporan contenidos de IA en sus programas escolares, cuando hace dos años apenas eran dos.
El estudio, elaborado por la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) y el Centro Nacional de Inteligencia Artificial (CENIA) de Chile, examina las condiciones para desarrollar y utilizar esta tecnología en 20 países de la región. La inclusión de contenidos no implica que todas las escuelas impartan la materia de forma independiente, sino que el tema aparece en los planes nacionales de estudio.
El contraste más marcado está en el terreno empresarial. De acuerdo con las estimaciones del informe, solo siete de cada 100 pequeñas empresas de la región utilizan IA, una proporción muy inferior a la de las grandes compañías. Los autores resumen el hallazgo en una idea central: cuanto más pequeña es una empresa, menor es la probabilidad de que adopte esta tecnología.
Las cifras provienen de estimaciones estadísticas y no de un censo, debido a que la mayoría de los países carece de información oficial comparable sobre el uso de IA en las empresas. Esa limitación metodológica obliga a leer los porcentajes como una aproximación al fenómeno y no como un conteo exacto del universo empresarial.
La brecha se aprecia con mayor claridad al comparar la región con Alemania, España, Estonia, Portugal y Singapur. En esos cinco países de referencia, la proporción de negocios pequeños que utilizan IA es casi cuatro veces mayor que en América Latina y el Caribe. Entre las grandes compañías la distancia también es considerable: poco menos de la mitad de las empresas de mayor tamaño en la región emplean estas herramientas.
El informe también aborda los llamados agentes de IA, sistemas capaces de ejecutar varias tareas a partir de una instrucción general, como buscar información, organizarla y realizar acciones distintas sin que una persona indique cada paso. Su funcionamiento, advierte el estudio, exige supervisión humana para revisar resultados, detectar errores y proteger los datos utilizados.
El diagnóstico resume ese panorama con una frase: agentes listos, organizaciones no tanto. Para incorporar estas herramientas a sus actividades cotidianas, las empresas necesitan atender condiciones de infraestructura, conocimientos y recursos que no están distribuidas de manera uniforme en la región.
El avance educativo y el rezago productivo plantean una pregunta de política pública: de qué sirve ampliar la formación en IA si el tejido empresarial de menor tamaño no cuenta con las condiciones para aprovecharla. La expansión de estas capacidades en las escuelas y universidades podría no traducirse en adopción tecnológica si no se atienden las barreras que enfrentan los negocios pequeños.
Para la ciudadanía, el fenómeno tiene efectos prácticos en el empleo y en la competitividad de las economías locales. Una fuerza laboral formada en IA pero inserta en empresas que no la utilizan enfrenta un desajuste entre lo aprendido y lo disponible en el mercado de trabajo. El informe sugiere que el reto no es solo enseñar la tecnología, sino crear las condiciones para que las organizaciones puedan usarla.
