Cuautitlán Izcalli cerró los primeros ocho meses de 2026 con 36 homicidios dolosos, la cifra más baja para un periodo enero-agosto desde 2018, de acuerdo con los registros del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP). El dato representa una reducción de 18 casos respecto a los 54 contabilizados en el mismo lapso de 2025 y de 29 frente a los 65 de 2024.
La serie histórica del SESNSP muestra que el municipio había registrado 38 homicidios dolosos entre enero y agosto de 2018, cifra que escaló hasta 73 en el mismo periodo de 2021, el punto más alto de la última década. A partir de entonces la tendencia fue descendente, con variaciones anuales, hasta llegar a los 36 casos de 2026, el nivel más bajo desde que se cuenta con el registro comparable.
El informe también señala que los delitos de alto impacto en su conjunto disminuyeron 26% respecto al mismo periodo de 2024 y 19% frente a 2025. Esa medición abarca un catálogo más amplio de conductas delictivas, por lo que no debe confundirse con el conteo específico de homicidio doloso, que es el indicador que alcanzó su mínimo en nueve años.
El gobierno municipal atribuyó los resultados a la coordinación entre corporaciones de los tres órdenes de gobierno, con despliegues en zonas prioritarias y acciones de prevención, atención ciudadana y proximidad social. Para la administración local, estas cifras funcionan como un termómetro de la incidencia delictiva y como argumento para mantener la presencia operativa en el territorio.
Más allá del dato estadístico, la reducción de homicidios dolosos tiene un efecto directo en la vida cotidiana de los habitantes: menos hechos violentos suelen traducirse en mayor libertad de tránsito, menor presión sobre los servicios de emergencia y una percepción de seguridad que puede influir en la actividad económica local. Sin embargo, la incidencia delictiva es multidimensional y un solo indicador no agota el diagnóstico.
El municipio, ubicado al norte del Valle de México, forma parte de la zona metropolitana más poblada del país, donde la dinámica delictiva suele estar influida por factores regionales, como la operación de redes dedicadas al robo de combustible, la extorsión y el narcomenudeo. Por ello, los especialistas en seguridad suelen advertir que las variaciones anuales deben leerse con cautela y acompañarse de indicadores complementarios, como la cifra de carpetas de investigación, las detenciones y las sentencias.
La comparación con 2021, cuando se registraron 73 homicidios en el mismo periodo, permite dimensionar el cambio: en cinco años la cifra se redujo prácticamente a la mitad. No obstante, el propio SESNSP advierte que los datos son preliminares y pueden ajustarse conforme avanzan las investigaciones judiciales, por lo que las cifras definitivas suelen publicarse con rezago.
Para los habitantes de Cuautitlán Izcalli, el reto no es solo sostener la tendencia a la baja, sino traducirla en mejoras verificables en colonias y comunidades donde la violencia ha tenido presencia histórica. La continuidad de los operativos y la evaluación pública de sus resultados serán claves para determinar si el mínimo de nueve años se consolida como una tendencia de largo plazo o queda como un dato aislado en el registro oficial.
