Isela N. ingresó a un centro penitenciario de Guanajuato a los 29 años. Ahora tiene 50, dos hijas y un nieto. Han pasado cinco Copas del Mundo y cada una le recuerda el tiempo transcurrido, pero también su deseo de reintegrarse a la sociedad y volver a compartir la pasión futbolera con su familia.
Antes de ser privada de su libertad, jugaba futbol llanero en Abasolo y desde los ocho años ya corría tras el balón. Dentro del penal, cursó la licenciatura en Administración de Empresas y el deporte sigue siendo parte de su rutina diaria. Cada mañana hace ejercicio y en los días destinados a actividades deportivas participa en partidos de futbol o voleibol con sus compañeras.
El Mundial de Sudáfrica 2010 es el que más recuerda. En ese entonces estaba embarazada de su hija menor y sus compañeras la ponían a bailar el tema oficial del torneo, “Waka Waka”. Aquella niña ahora tiene 16 años y, aunque nació cuando Isela ya estaba recluida, el vínculo madre-hija se ha fortalecido a través de la distancia y el deporte.
Su familia sigue reuniéndose para ver los partidos, como lo hacían antes. Isela no puede sentarse con ellos frente al televisor, pero al medio tiempo corre al teléfono para comentar las jugadas. Esa llamada, dice, es el momento más emotivo del partido.
La Secretaría de Seguridad y Paz del estado impulsa en los centros penitenciarios actividades deportivas, culturales y de desarrollo personal como parte de un modelo de reinserción basado en cinco ejes. El objetivo es fortalecer los vínculos familiares y generar oportunidades de cambio que ayuden a las personas privadas de su libertad a reconstruir su proyecto de vida.
Para Isela, el encierro le ha enseñado a valorar las decisiones, asumir consecuencias y pensar antes de actuar. Afirma que ese proceso de reflexión es parte del camino para convertirse en un mejor ejemplo para sus hijas. “Sé que no estoy con ellos, pero también sé todo lo que hemos aprendido. Mis hijas están estudiando, son deportistas y me dicen que yo soy el motivo”, relata.
En México, el deporte dentro de las prisiones ha demostrado ser una herramienta eficaz para reducir la violencia, mejorar la salud mental y facilitar la reintegración social. Casos como el de Isela evidencian que mantener los lazos afectivos mediante actividades compartidas —aunque sea a la distancia— es clave para que las personas encuentren un sentido de pertenencia y esperanza.
El próximo Mundial, dentro de cuatro años, Isela espera verlo ya en libertad. Mientras tanto, cada gol de México es una excusa para sentirse cerca de los suyos y recordar que, pese a todo, la vida puede reiniciarse.
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¿Qué informa esta nota sobre Con cinco Mundiales tras las rejas, mujer halla en el futbol vínculo con su familia?
Isela, privada de su libertad desde hace 21 años, ha vivido cinco Copas del Mundo en un centro penitenciario de Guanajuato. El futbol le permite mantener el lazo con sus hijas y su nieto, mientras avanza en su reinserción.
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