Acapulco recibió este 28 de octubre al Carnival Firenze, el primer crucero de la naviera Carnival en volver al puerto después de 17 años. La embarcación, abanderada en Panamá, llegó antes de las 8:00 horas con 3 mil 541 pasajeros y mil 466 tripulantes, es decir, 5 mil 7 personas en total, y tiene programada su salida a las 18:00 horas con rumbo a Ensenada, Baja California.
La escala no es un hecho aislado. Acapulco depende en buena medida del turismo y arrastra años de dificultades por la inseguridad, los fenómenos meteorológicos y la caída de visitantes. La reactivación de rutas de cruceros se presenta como una vía para captar visitantes extranjeros y divisas sin depender exclusivamente del turismo nacional, que suele concentrarse en temporadas vacacionales.
La Secretaría de Turismo estatal calculó una derrama económica de 6.5 millones de pesos asociada a esta escala. Ese gasto se reparte entre pasajeros y tripulantes que descienden a tierra y consumen alimentos, bebidas, artesanías, transportes y servicios turísticos. Para los comerciantes del puerto y de la zona turística, una llegada de este tamaño representa un ingreso concentrado en unas horas, por lo que la logística de atención resulta determinante.
La titular de la dependencia, Rosy Pavón Flores, vinculó la llegada del crucero con labores de promoción y atención a visitantes impulsadas durante la actual administración estatal, encabezada por Evelyn Salgado Pineda. La funcionaria sostuvo que la escala contribuye a la proyección internacional de Guerrero y a su posicionamiento como destino de turismo marítimo.
El regreso de Carnival a Acapulco ocurre en un contexto de competencia regional. Otros puertos del Pacífico mexicano, como Puerto Vallarta, Mazatlán y Cabo San Lucas, mantienen rutas consolidadas de cruceros y ofrecen infraestructura y atractivos que compiten directamente por las mismas embarcaciones. Recuperar la confianza de las navieras implica sostener condiciones de seguridad, servicios portuarios y una oferta turística que justifique la escala.
Para la ciudadanía, el efecto inmediato se mide en empleos temporales, ventas y actividad en el comercio local durante la jornada. El impacto de mayor plazo depende de que las escalas se repitan y de que los pasajeros desembarquen y circulen por la ciudad, no solo por la zona portuaria. Una sola llegada no revierte la situación económica del puerto, pero sí funciona como señal para otras navieras que evalúan incluir a Acapulco en sus itinerarios.
El Carnival Firenze continuará su ruta hacia Ensenada tras permanecer alrededor de diez horas en el puerto. La expectativa de las autoridades es que esta escala sea la primera de una serie y que el destino recupere presencia en las rutas del turismo marítimo internacional, un segmento que había perdido peso en Acapulco durante la última década.
